Paul Thomas Anderson

Los allegados a Ernie Anderson (una conocida personalidad de televisión y radio de la década de los setenta) y su esposa Edwina Gough jamás pensaron que el tercero de sus nueve hijos sería ampliamente reconocido como uno de los directores de cine y guionistas más importantes de la historia. Paul Thomas (1970, Studio City, E.E.U.U.) se enamoró del cine a los ocho años, exploró sus gustos y prontamente se transformó en el díscolo pero exigente artista que nos ha regalado aquella volátil y versátil filmografía que tanto se admira, estudia y disfruta globalmente. Gracias a las ventajas laborales de su padre y a su vocación, pudo hacer sus primeros ejercicios cinematográficos a lo largo y ancho de su adolescencia con cámaras nada despreciables para la época. A los dieciocho años escribió, produjo y dirigió su primer proyecto “serio”, The Dirk Diggler Story, obra que lo impulsó a matricularse en Santa Monica College (por un año) y New York University (por dos días) y posteriormente a huir de ellas.

En 1993, después de recaer en los altibajos de la adultez temprana y de trabajar durante varios años como asistente de producción de varias películas y series de televisión, creó Cigarettes & Coffee, un cortometraje con el que pudo participar por primera vez en uno de los reconocidos circuitos de Sundance y, por consiguiente, en un festival de cine. Además, este trabajo le permitió dirigir por primera vez a un reconocido actor: el emblemático Philip Baker Hall, el mismo que patrocinaría sus primeros largometrajes. El éxito de su trabajo se tradujo en su aceptación e ingreso al programa de apoyo para largometrajes de Sundance de 1994 y en la firma de un contrato con Rysher Entertainment. Su resultado creativo fue inaugurado el 28 de febrero de 1997 bajo el título Hard Eight. El resto es historia.

El mito de Paul Thomas Anderson es, como cualquier otro, inasible e inagotable. Estos ejercicios híbridos (¿son ensayos? ¿son documentos historicistas?) a su manera pretenden acercarnos a este genio y a la particular visión artística que consigna en cada filme. Si los conceptos intra y extramoral aparecen recurrentemente en los artículos, en últimas son pretextos (con sus respectivos defectos teóricos) para acercarse a esos mundos paralelos y a la vez transversales a nuestra cotidianidad, incluso para acercarse a esas fuerzas humanizadas que dominan el devenir de nuestra fe y existencia (o, para no elevarse más de la cuenta, de los arcos narrativos de los filmes en cuestión). Así comparta su nombre con otros miembros de la industria fílmica (no es el único Anderson popular en la actualidad, ni siquiera el único Paul Anderson), P.T. Anderson es una institución en sí mismo, un lente inconfundible para todos aquellos ojos que deseen ver. Por lo tanto, he acá esta historia breve de la leyenda que esperamos que siga emanando en los años venideros:

POR DÓNDE COMENZAR

Boogie Nights: su mezcla de humor, drama y épica enmarcada en los excesos de una peculiar industria de entretenimiento sintetiza los tropos que atraviesan toda la filmografía de Anderson.

POR DÓNDE ES IMPOSIBLE FALLAR

There Will Be Blood: no sólo es considerada mayoritariamente como la mejor película de este siglo, es fácilmente una de las mejores obras de la humanidad. Aunque no es mi favorita (ese espacio lo reservo para The Master), es totalmente entendible por qué es tan apetecida universalmente. Si el planeta está próximo a desaparecer, espero que una copia de esta obra subsista en el espacio por toda la eternidad para que futuras criaturas perciban cuán corrosiva fue nuestra raza.

POR DÓNDE NO COMENZAR

Inherent Vice: es posiblemente la más divisiva de las obras de Anderson. Aunque es tan deleitosa como cualquiera de sus otras películas, la excesiva cantidad de personajes y de historias (entrelazadas e inconexas) pueden abrumar o alejar a los espectadores desprevenidos. No en vano está basada en una novela de Thomas Pynchon, novelista que genera la misma polarización entre el universo literario.

PARA DISFRUTE ADICIONAL

Además de sus largometrajes y registros documentales, Anderson ha dirigido más de una decena de videoclips musicales que, aunque escasos (ha perdurado hasta doce años inactivo), ameritan ser visitados. Sin duda alguna cada uno de ellos se recomienda tanto por las canciones en sí como por los aportes técnicos y narrativos de nuestro director. Cabe mencionar un gesto familiar que rodea a todos ellos: Anderson sólo trabaja con su círculo de amigos más cercano, pues todos los artistas elogiados han participado directamente en alguno de sus largometrajes (a excepción de “Right Now” de Haim en 2017… ¿será que esto anticipa una nueva fase creativa?). Asumo esto como un gesto de retribución artística apropiado para elevar el estatus de cada canción a su forma audiovisual más excelsa.

A continuación incluyo un corto repaso de los tres videoclips esenciales de nuestro auteur:

1) Michael Penn – “Try” (1997): A pesar de ser el menos recordado de la prolífera familia Penn, el compositor y arreglista de Boogie Nights es capturado en este versátil video de una sola toma como un músico que desea ser reconocido entre oficinistas y maratonistas (¿representación de la agitada competitividad musical de los noventa?) a lo largo de un estrecho pasillo californiano. A medida que avanza su pasivo llamado, es respaldado por un ágil roadie (un jovial Philip Seymour Hoffman), quien lo suple constantemente de micrófonos y guitarras. A pesar de no ser una buena canción, aquí el lente de Anderson es equiparable a los mejores plano secuencia de Michel Gondry y Spike Jonze; además, recibe puntos extra por ser el primer videoclip musical filmado por nuestro director.

2) Fiona Apple – “Across the Universe” (1998): la expareja de Anderson es la protagonista de este sublime tributo al himno de The Beatles en el que el universo es una fuente de soda al borde de un motín. La intérprete conserva en todo momento su sonrisa, tranquilidad y audífonos así varios hombres furibundos, batidoras y muchos, muchos vidrios rotos amenacen con cambiar su mundo. Anderson dirigió otros cuatro videos para Apple y, aunque sus otras canciones sean mejores (al menos representan de maneras más apropiadas los talentos de la compositora), la primera de sus colaboraciones es hasta el día de hoy la más ilustrativa de ellas.

3) Radiohead – “Daydreaming” (2016): Thom Yorke abre puertas. Y puertas. Y puertas. En su multidimensional búsqueda llega a hogares, colegios, mercados y playas tomadas de There Will Be Blood/The Master. Al final, el ambulante cantante encuentra reposo al lado de una fogata y se protege de la frialdad de la nieve. La mayor de las virtudes de este video es justamente su cinematografía, la cual emula las características de los filmes más representativos de Anderson sin sobreponerse a la canción de cuna de Radiohead. Aunque esto ya lo había hecho para otros videoclips (sobre todo para “Sapokanikan” de Joanna Newsom), es justamente en “Daydreaming” donde el director explaya sus mejores técnicas.

BONUS TRACKS

A diferencia de otros directores, P.T. Anderson es poco preciso al momento de señalar sus directores y filmes predilectos. En otras palabras, al virtuoso se le dificulta categorizar y jerarquizar en listados cerrados aquellas obras y artistas que lo han marcado. Hay muchas páginas que han recopilado sus menciones y, a costa de encapsular erróneamente sus gustos, he acá algunas de estas apreciaciones.

Directores predilectos: Robert Altman, Jonathan Demme, Alex Cox, Stanley Kubrick y Orson Welles.

Largometrajes favoritos: The Treasure of the Sierra Madre (John Huston, 1948), Stray Dog (Akira Kurosawa, 1949), Sweet Smell of Sucess (Alexander Mackendrick, 1957), Repo Man (Alex Cox, 1984) y Mary Poppins (Robert Stevenson, 1964).

El tejido de la imagen desgarrado por patanes esnobs.

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