Errol Morris: Vernon, Florida (1981)

CADA ESTRELLA ES UN MUNDO

La obra de Errol Morris se siente como una gran charla en la que se tocan temas tan diversos como temas hay en el mundo, aun cuando la mayoría de su trabajo; si no es que todo; se desarrolla en Estados Unidos. Lo que separa su trabajo del de la mayoría de documentalistas tradicionales, es el alcance de sus “charlas”, pues casi siempre trascienden su tema superficial y se convierten en retratos vividos de la gente que los protagoniza y de paso de la gente en general.

Vernon, Florida; su segunda película, ejemplifica esto a la perfección al presentarnos una serie de personajes hablando acerca de cosas diversas y peculiares: uno de ellos es un cazador de pavos que disfruta de esta actividad tanto como le es posible, otro es un predicador que dedica su sermón a estudiar de las conjunciones que aparecen en la Biblia: hay un policía sin mucho que hacer en un pueblo en el que poco o nada pasa,  y de este modo, la lista de personajes sigue con un grupo de gente que no tiene mayor relación entre sí aparte de vivir en el mismo pueblo.

La película inicialmente puede parecer inconsistente, nada más que unas simples viñetas caricaturescas sobre un grupo de personas diciendo cosas raras y sin aparente importancia en algún extravagante pueblito de Estados Unidos; pero al escuchar realmente lo que esta gente dice, y al apreciarlo mediante la forma en que el autor nos lo muestra (entrelazando los distintos relatos conforme cada uno de los personajes se acerca a un tema en particular), el respeto hacia estos personajes crece y nos damos cuenta que lo que dicen nos concierne a todos y sí es importante aunque no parezca en principio. En un momento alguien habla acerca de la existencia de Dios, luego alguien nos dice que si las estrellas existen es por algo, y que tal vez cada estrella es un mundo en si misma, luego estamos ante un hombre que vive para perseguir pavos, y luego ante otro que vive para perseguir infractores, y tan calmadamente como esta gente nos habla, nosotros entendemos también que este documental no intenta presentarnos un problema social o denunciar alguna injusticia, que su propósito no es cambiar nuestras vidas mostrándonos las miserias o las bondades de los demás. Nos damos cuenta que este es simplemente un documental sobre los detalles a los que cada quien da importancia, sobre las pequeñas o grandes obsesiones que tenemos en la vida y de las que nos gusta hablar si alguien nos pregunta alguna vez, sobre la vida en un pueblo que puede ser cualquier pueblo, pero que no lo es, y entonces entendemos que su intención es más noble y su efecto más perdurable porque si bien es sobre los demás, también es sobre nosotros.

La belleza visual de este trabajo es destacable, la quietud de sus imágenes nos permiten percibir la belleza de los lugares y de la vida allí, que es simple pero a la vez particular. Hay algunas secuencias que cargan una intensidad visual propia del trabajo de directores como Werner Herzog o David Lynch, siendo al mismo tiempo contemplativas y calmadas.

El centro de este trabajo es simplemente observar sin juzgar, respetando lo que cada uno es y valorándolo por lo mismo, mostrando también que tan distintas como nuestras vidas parezcan, todos vivimos en el mismo mundo y todos somos más o menos parecidos; así cacemos pavos o “cacemos” feligreses.

Con 55 minutos de duración, un trabajo así se podría quedar corto en muchos aspectos, pero esta película dice lo que tiene que decir en el tiempo necesario sin pasar a explotar excesivamente las personalidades de sus protagonistas y al mismo tiempo sin tratar los temas levemente, dándoles el tiempo adecuado para ser tratados. En comparación con su película anterior, Gates of Heaven, Errol Morris se libera aquí de algunas características estéticas y narrativas que había presentado en su trabajo previo: la cámara se mueve más y hay un seguimiento de los personajes más detallado con respecto a las actividades diarias de cada uno, cosa que tal vez se deba a la ausencia de un punto en común que una a estas personas (a diferencia del cementerio de mascotas en su primera película) y al protagonismo del pueblo como tal. Vernon, Florida aunque corta, es grande, y representa un paso adelante en el desarrollo artístico de su realizador.

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